Fuente: Breve historia de la filosofía china, Feng Youlan, traducción de Wang Hongxun y Fan Moxian, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1989, capítulo VIII
Una vez, Gongsun Long llegó a un puesto fronterizo a caballo. El guardia le dijo: «No se permite el paso de caballos.» Gongsun Long respondió: «Mi caballo es blanco. Un caballo blanco no es un caballo.» Y cruzó.
Esta anécdota suele contarse para ilustrar la sofistería china. Lo que la hace filosóficamente interesante, sin embargo, es que no lo es: lo que parece un juego de palabras es el punto de entrada a uno de los problemas más serios de la filosofía. La 名家 (míng jiā), la Escuela de los Nombres, dedicó su trabajo a analizar la relación entre 名 (míng), los nombres, y 实 (shí), las realidades.
Considera esta frase simple: «Esta es una mesa.» La palabra «esta» señala un objeto concreto, que puede deteriorarse, quemarse o perderse. La palabra «mesa» señala una categoría abstracta, que no se deteriora, no se quema y no se pierde. La realidad es cambiante; el nombre es permanente. A primera vista, la distinción parece trivial. Analízala con cuidado, escribe Feng Youlan, y llegarás «al corazón mismo de la filosofía.»
¿Por qué los primeros filósofos del lenguaje eran abogados?
Los miembros de la Escuela de los Nombres eran conocidos en la antigüedad como 辩者 (biànzhě), «polemistas» o «argumentadores». Antes de dedicarse a la filosofía, habían sido abogados.

El primero de ellos fue Deng Xi (muerto en 501 a.n.e.), contemporáneo del estadista Zi Chan en el reino de Zheng. Cobraba sus servicios por caso –un saco de tela en los pleitos importantes, un par de calzones en los menores– y era tan hábil que lo contrataba mucha gente. Su técnica: interpretar el texto literal de la ley de la manera que le convenía a su cliente, sin importar el espíritu de la norma ni su relación con los hechos reales. Concentrarse en las palabras, ignorar las cosas.
Una anécdota lo ilustra bien. Cuando una inundación mató a un hombre rico en Zheng, el barquero que encontró el cadáver pedía una fortuna por devolverlo. La familia fue a ver a Deng Xi. «Esperen», les dijo. «Solo ustedes quieren el cuerpo.» El barquero también fue a verlo. «Esperen», le dijo. «Solo ellos pueden comprárselo.» El relato no dice cómo terminó el asunto. La habilidad de Deng Xi era la misma en ambos casos: usar las palabras para hacer que lo imposible pareciera razonable, y lo razonable, imposible.
Este fue el espíritu que dio origen a la escuela. Y sus verdaderos fundadores filosóficos –Hui Shi y Gongsun Long– lo llevaron mucho más lejos que los tribunales.
Un caballo blanco no es un caballo (y no es una broma)
Gongsun Long (que floreció entre 284 y 259 a.n.e.) llevó el análisis de los nombres a un terreno puramente filosófico. Su pregunta era qué son los nombres en sí mismos –y su respuesta: que son absolutos y permanentes, al contrario de las cosas reales, que cambian y se corrompen. Para demostrarlo, tomó el ejemplo más simple que pudo encontrar.

Su argumento tiene tres niveles.
El primero es de intensión: «La palabra caballo designa una figura; la palabra blanco designa un color. Lo que designa un color no es lo que designa una figura.» El término caballo tiene por contenido un tipo de animal. El término blanco tiene por contenido un tipo de color. El término caballo blanco tiene por contenido un animal más un color. Tres contenidos distintos: tres cosas distintas.
El segundo es de extensión: «Si buscas un caballo, un caballo amarillo o negro puede satisfacer el pedido. Si buscas un caballo blanco, ni el amarillo ni el negro sirven.» La extensión de caballo abarca todos los caballos sin distinción de color. La extensión de caballo blanco abarca solo los caballos blancos. Lo que incluye menos no puede ser igual a lo que incluye más.
El tercero es de universal: «Los caballos tienen color; por eso existen caballos blancos. Si un caballo no tuviera color, tendríamos solo el caballo como tal. ¿Cómo conseguiríamos entonces un caballo blanco?» El universal caballo es caballo como tal, sin color. El universal caballo blanco es caballo más blancura. Dos universales distintos.
El autor señala que este tercer argumento llega a una conclusión parecida a la de Platón: la idea de caballo no es ningún caballo particular, sino lo que todos los caballos tienen en común, independiente de cualquier caballo concreto. La proposición «un caballo blanco no es un caballo» opera en el plano de los universales: distingue entre los objetos concretos que podemos tocar y los universales abstractos que los nombres designan.
Su otra proposición célebre va en la misma dirección: «La dureza y la blancura están separadas.» Si tienes una piedra dura y blanca, tus ojos perciben solo la blancura, tus manos perciben solo la dureza. Nunca percibes ambas al mismo tiempo. Y más allá de esa observación epistemológica: la blancura como universal es independiente de cualquier objeto blanco. Incluso si no existiera ningún objeto blanco en el mundo, el universal blancura seguiría siendo lo que es. La dureza y la blancura son universales independientes, «cada uno solo y cierto», en palabras del propio Gongsun Long.
Hui Shi: todo es relativo
Hui Shi (c. 350–260 a.n.e.) llegó al mismo territorio por un camino opuesto. En lugar de demostrar que los nombres son absolutos, demostró que las realidades son todas relativas.
Su punto de partida es un par de proposiciones sobre nombres abstractos: «Lo más grande no tiene nada más allá de sí mismo»: el 大一 (dà yī), el Gran Uno. «Lo más pequeño no tiene nada dentro de sí mismo»: el 小一 (xiǎo yī), el Pequeño Uno. Estas frases no dicen nada sobre el mundo concreto. Definen conceptos de manera puramente lógica, sin depender de ninguna experiencia. Y porque son independientes de la experiencia, son absolutamente verdaderas.
Desde esos conceptos absolutos, Hui Shi deriva que todo lo concreto es relativo. Sus proposiciones lo demuestran una a una: lo que no tiene espesor puede extenderse por mil lǐ, la legua china (grande y pequeño son relativos); el sol del mediodía ya está declinando (todo cambia constantemente); hoy viajo al reino de Yue y llegué ayer (presente y pasado son relativos); conozco el centro del mundo, está al norte de Yan y al sur de Yue (no hay punto de referencia absoluto).
La conclusión es directa: «Ama todas las cosas igualmente; el cielo y la tierra son un solo cuerpo.» Si no hay diferencias absolutas entre las cosas, si todo está constantemente convirtiéndose en otra cosa, entonces amar todo por igual es la única consecuencia coherente.
Más allá de las formas
Dos filósofos, dos direcciones opuestas, el mismo descubrimiento.
Feng Youlan lo llama «el mundo más allá de las formas y las figuras». En la filosofía china se distingue entre lo que está dentro de las formas –todo lo que puede ser objeto de experiencia– y lo que está más allá de ellas. El Gran Uno de Hui Shi no puede ser objeto de experiencia: un objeto de experiencia siempre está frente a quien lo experimenta, pero si el Gran Uno no tiene nada más allá de sí mismo, no hay nadie que pueda estar frente a él. Los universales de Gongsun Long tampoco: puedes ver un objeto blanco, pero no puedes ver la blancura en sí.
La Escuela de los Nombres encontró ese territorio. Quienes lo desarrollarían serían sus adversarios filosóficos: los taoístas. Esto lo ilustra, escribe Feng Youlan, un dato aparentemente menor: Hui Shi fue el gran amigo de Zhuang Zi.
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