Zhuangzi durmiendo bajo un arbol mientras una mariposa vuela sobre el, ilustracion en tinta china

Zhuangzi

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庄子 (Zhuāngzǐ, c. 369–286 a.n.e.), cuyo nombre era Zhuang Zhou, es el filósofo más audaz y literariamente extraordinario del taoísmo clásico. El texto que lleva su nombre, el 《庄子》, combina argumentación filosófica con parábolas, paradojas y humor de un modo que no tiene equivalente en la literatura filosófica china de su época.

Feng Youlan lo sitúa como el tercer estadio del desarrollo taoísta: la respuesta más completa al problema que Yang Zhu planteó primero.

El problema heredado y la solución nueva

Yang Zhu respondía al peligro del mundo huyendo a la montaña. El Laozi respondía aprendiendo a moverse con el flujo del Dao para salir siempre ileso. Pero ambas estrategias tienen un límite: siguen dependiendo de condiciones externas. Hay situaciones de las que no se puede huir y cambios que ninguna habilidad puede anticipar.

Zhuangzi da un paso distinto: en lugar de escapar del mundo o de dominarlo sutilmente, propone una transformación de la perspectiva desde la que se lo mira.

La parábola del carpintero Shi y el árbol ilustra el recorrido completo. En el bosque hay un árbol enorme que ha sobrevivido siglos precisamente porque su madera es inservible; los leñadores lo ignoran. Pero más adelante el árbol mismo aparece en sueños y dice: eso es ser inútil de primer grado, la estrategia de Yang Zhu. Luego Zhuangzi añade: pero incluso la inutilidad puede fallar, como el ganso que no canta al que también acaban matando. La solución verdadera es “montarse sobre el Dao y la virtud y flotar libremente”: no protegerse actuando de cierta manera, sino dejar de estar en el punto de vista desde el que existe la distinción entre peligro y seguridad.

Perspectiva y relatividad

El instrumento filosófico central de Zhuangzi es el cambio de perspectiva. Las cosas no son grandes ni pequeñas, largas ni cortas, buenas ni malas en sí mismas; lo son desde cierto punto de vista, dentro de cierto sistema de referencia. El pez grande se ahoga en lo poco; el pez chico se ahoga en lo mucho. El pájaro que vuela a noventa mil li se ríe del que solo salta de árbol en árbol, pero ambos hacen lo adecuado a su naturaleza.

La conclusión no es el escepticismo sino algo más preciso: el sabio no se aferra a ningún punto de vista particular porque sabe que todos son relativos. Adopta el punto de vista del Dao, que no tiene posición preferida: desde ahí, todas las diferencias se nivelan.

Sobre la muerte y la libertad

Zhuangzi es el pensador chino que más directamente habló de la muerte. Cuando murió su esposa, un amigo lo encontró cantando y golpeando un cuenco. La respuesta fue que al principio él también había sentido dolor; pero luego pensó: en el origen ella no tenía forma, ni siquiera vida, ni siquiera aliento. En algún momento algo se transformó y hubo aliento, luego forma, luego vida. Ahora ha habido otra transformación. ¿Por qué llorar?

Feng Youlan resume el ideal de Zhuangzi como el del 至人 (zhìrén, el hombre que ha llegado al punto más alto): alguien que ha trascendido el yo ordinario. No ha abandonado el mundo (no es el ermitaño de Yang Zhu), pero tampoco está atrapado en él. Vive y actúa como cualquier persona, pero desde una libertad interior que no depende de que las circunstancias sean favorables.