Eruditos viajando con libros por un camino, pintura en tinta china

El origen de las escuelas

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Fuente: Breve historia de la filosofía china, Feng Youlan, traducción de Wang Hongxun y Fan Moxian, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1989, capítulo III

Entre los siglos V y III a.C., en el espacio de apenas dos siglos, la China antigua produjo a Confucio, Laozi, Zhuangzi, Mencio, Mo Zi y Han Feizi, y decenas de pensadores menores. Los chinos llamaron a ese período 百家 (bǎi jiā), las cien escuelas. No cien en sentido literal: cien como manera de decir demasiadas para contarlas.

La pregunta que el tercer capítulo se propone responder es por qué. ¿Qué condiciones hicieron posible una concentración semejante de pensamiento original en tan poco tiempo? La respuesta es histórica, social y filosófica al mismo tiempo.

El primer mapa

El primer intento serio de clasificar ese pensamiento llegó varios siglos después, de la mano de 司马谈 (Sīmǎ Tán), historiador oficial de la corte Han que murió en el año 110 a.C.

Varios eruditos de distintas escuelas filosóficas debatiendo en una encrucijada, pintura en tinta china

En un ensayo titulado «Sobre las ideas esenciales de las seis escuelas», recogido en los Registros históricos que su hijo Sima Qian completaría, agrupó a los filósofos de los siglos anteriores en seis corrientes: la escuela yīn yáng, la escuela de los letrados (rú jiā, el confucianismo), la escuela moísta, la escuela de los nombres, la escuela legalista y la escuela del Tao (dào dé jiā, el taoísmo filosófico).

Sima Tan clasificó. El capítulo busca la explicación: de dónde vinieron esas escuelas, qué condiciones las hicieron posibles.

El conocimiento sigue al poder

刘歆 (Liú Xīn), erudito que vivió aproximadamente entre el 46 a.C. y el 23 d.C., propuso la primera explicación sistemática.

Erudito registrando clasificaciones de escuelas filosóficas en un pergamino, pintura en tinta china

Su punto de partida es una observación sobre la sociedad de los primeros siglos Zhou. En ese sistema, el conocimiento no era independiente del cargo político: estaba incorporado a él. El que administraba los rituales conocía los rituales. El que presidía los tribunales conocía las leyes. Cada rama del gobierno tenía sus especialistas, y esos especialistas eran también los únicos custodios del conocimiento correspondiente. Los títulos nobiliarios y los conocimientos especializados se heredaban juntos.

En ese sistema no podía haber enseñanza privada. No había «escuelas» en el sentido moderno porque nadie transmitía ideas por cuenta propia. El saber era un atributo del cargo, heredado con él, inseparable de la estructura oficial.

Luego el sistema se rompió.

Cuando la casa Zhou perdió su poder, los funcionarios perdieron sus puestos. Los especialistas hereditarios que habían custodiado cada dominio del saber se vieron dispersados por el país, sin cargo, sin institución, sin la estructura que daba sentido a su función. Y entonces hicieron lo único que podían hacer: empezaron a enseñar por su cuenta, a transmitir privadamente lo que antes solo circulaba dentro del aparato del gobierno.

De esa dispersión nacieron las escuelas.

Feng Youlan reconoce que los detalles de Liu Xin son discutibles —algunas de sus correspondencias entre escuelas y ministerios son forzadas—, pero el marco general apunta en la dirección correcta. Las ideas no surgen en el vacío.

Seis tipos de personas, no seis ministerios

La aportación propia de Feng Youlan es una corrección al esquema de Liu Xin. Lo relevante no son los ministerios, sino los tipos de personas que los habitaban.

Palacios en ruinas y eruditos dispersándose por distintos caminos, fin de una era, pintura en tinta china

Cuando la estructura feudal se desintegró, los que habían vivido dentro de ella tomaron caminos distintos según su formación y su relación con el mundo que se derrumbaba. Esos caminos produjeron los grandes linajes del pensamiento clásico:

1. Los (letrados, custodios de los clásicos y las ceremonias) → confucianismo 2. Los xiá (caballeros, expertos en las artes militares) → moísmo 3. Los 隐者 (yǐnzhě) (ermitaños, los que se retiraban de la sociedad en señal de desengaño) → taoísmo 4. Los biànzhě (polemistas, expertos en argumentación) → escuela de los nombres 5. Los fāngshì (practicantes de artes adivinatorias y astronómicas) → escuela yīn yáng 6. Los fǎshù zhī shì (consejeros pragmáticos de príncipes) → legalismo

El punto central es que cada escuela es, antes que un sistema de ideas, una manera de estar en el mundo. Los fundadores no eligieron primero una doctrina: eligieron primero una postura ante el caos. La doctrina tomó forma después.

Por qué solo pudo ocurrir entonces

Hay un detalle en el vocabulario que ilumina todo lo anterior. La palabra china para «escuela filosófica» es 家 (jiā), que significa también «familia» o «casa privada».

En el período en que el conocimiento vivía dentro de la estructura oficial, el concepto mismo de jiā era imposible: no había nada privado, nada personal en la transmisión del saber. Solo cuando los portadores del conocimiento salieron al mundo por su cuenta, sin cargo ni institución, y empezaron a enseñar de manera personal y voluntaria, pudo formarse algo que mereciera llamarse jiā.

Las cien escuelas no son el producto de una época de prosperidad intelectual. Son el producto de un derrumbe. Solo cuando el sistema que había dado forma al mundo dejó de funcionar, el conocimiento que había estado encerrado dentro de él pudo convertirse en otra cosa: en búsqueda, en argumento, en escuela.

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