Mo Zi frente a una muralla, ilustracion en tinta china

Mo Zi: el amor como cálculo

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Fuente: Breve historia de la filosofía china, Feng Youlan, traducción de Wang Hongxun y Fan Moxian, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Beijing, 1989, capítulo V

Alguien formado en la disciplina militar, en la obediencia al líder, en el código de quienes cumplen lo prometido aunque les cueste la vida, se detiene un día a preguntar por qué esa lealtad se limita al propio grupo. ¿Por qué no extenderla a todos?

Esa pregunta es el origen de la filosofía de Mo Zi (aproximadamente 479–381 a.n.e.). Su respuesta fue la primera oposición directa al pensamiento de Confucio.

Un filósofo que viene de abajo

Para entender a Mo Zi hay que entender de dónde viene. Su mundo era el de los 侠 (xiá), los caballeros andantes: un estamento social que surgió cuando el sistema feudal de la dinastía Zhou se desintegró y los especialistas militares que habían servido a la nobleza perdieron sus posiciones. Se dispersaron por el país y empezaron a ganarse la vida ofreciendo sus servicios a quien pudiera pagarlos. Eran mercenarios, pero con un código de honor estricto: su palabra era irrevocable, sus acciones inmediatas, y estaban dispuestos a arriesgar la vida por quien los contratara.

Guerreros moístas defendiendo una muralla, ilustración en tinta china

La organización de Mo Zi funcionaba como una unidad militar: el líder, llamado 钜子 (Jù Zǐ), tenía autoridad absoluta sobre los miembros, incluido el poder de vida y muerte. Los discípulos de Mo Zi, según el Huainanzi, podían ser enviados al fuego o a caminar sobre hojas de espada, y preferían la muerte antes que retroceder.

En una ocasión, Mo Zi fue personalmente al reino de Chu para disuadir al rey de atacar a Song. Ante el monarca, Mo Zi y el ingeniero militar Gongshu Ban hicieron una demostración en miniatura: Gongshu Ban desplegó nueve máquinas de asedio; Mo Zi las rechazó todas. Gongshu Ban se quedó sin recursos; Mo Zi aún tenía reservas. Y para cerrar la partida, Mo Zi añadió que trescientos de sus discípulos ya esperaban armados en la muralla de Song. Chu desistió del ataque. La historia, contada en el Mozi (capítulo L), ilustra la naturaleza del grupo: una organización armada, disciplinada y capaz de operaciones militares reales.

Confucio era un hombre de letras que comprendía, aceptaba y racionalizaba las instituciones tradicionales: los ritos, la música, las jerarquías. Mo Zi las cuestionaba de raíz. Feng Youlan lo formula así: Confucio fue el racionalizador de la civilización antigua; Mo Zi fue su crítico. Uno era un caballero refinado; el otro, un predicador militante.

La diferencia era de clase social. Los 儒 (rú), los letrados de los que surgió el confucianismo, provenían de la aristocracia o de las capas medias y altas. Los ritos, la música ceremonial, los funerales elaborados eran parte de su mundo. Para alguien que venía de abajo, como Mo Zi, todo eso era un lujo sin función. ¿De qué servían tres años de luto si la gente no tenía qué comer? ¿Para qué la música ceremonial si no producía nada? La crítica de Mo Zi al confucianismo partía de ahí: de la mirada de una clase social sobre los privilegios de otra.

Cuatro acusaciones

Mo Zi formuló su crítica en cuatro puntos concretos. Los confucianos, dijo, arruinan el mundo entero porque: no creen en los espíritus, lo que provoca su descontento; insisten en funerales costosos y un luto de tres años, desperdiciando los recursos del pueblo; promueven la música, con el mismo resultado; y creen en un destino predeterminado, lo que vuelve a la gente pasiva.

Mo Zi dirigiéndose a una multitud del pueblo, ilustración en tinta china

Los tres primeros puntos reflejan la brecha social. Las clases educadas de China ya habían abandonado la creencia en un Dios personal y en espíritus; las clases bajas no. Mo Zi hablaba desde abajo. El cuarto punto, sin embargo, no daba en el blanco. El 命 (mìng) confuciano no significaba resignación pasiva ante un destino escrito. Significaba reconocer lo que está fuera del control humano después de haber hecho todo lo posible: hacer lo que se puede, y aceptar con dignidad lo que no se puede cambiar.

A Mo Zi la sutileza del concepto confuciano de ming no le interesaba. Le interesaba su efecto práctico: si la gente cree que hay un destino, se vuelve pasiva. Y si se vuelve pasiva, deja de ser útil.

Ese era el criterio que Mo Zi aplicaba a todo.

Amar a todos, sin excepción

El centro de la filosofía de Mo Zi es el 兼爱 (jiān ài): el amor omnímodo, el amor que no discrimina.

Erudito escribiendo sobre bambú con montañas al fondo, ilustración en tinta china

La idea tiene su raíz en la ética de los xia. Los caballeros andantes compartían todo dentro de su grupo: gozaban y sufrían por igual. Mo Zi tomó ese principio de grupo y lo expandió hasta convertirlo en un principio universal: todos los seres humanos deben amar a todos los demás, sin distinción alguna.

El argumento avanza así: las peores calamidades del mundo, los ataques de reinos grandes a pequeños, la opresión de los débiles por los fuertes, el engaño del simple por el astuto, surgen todas de lo mismo: de la 别 (bié), la discriminación, el hecho de que la gente trata a los suyos de un modo y a los otros de otro. Si se reemplaza la bié por la jiān, si cada persona respeta los reinos, las ciudades y las casas de otros como respeta las propias, las calamidades desaparecen.

¿Cómo se determina si un principio es correcto? Mo Zi propone tres pruebas: debe tener una base en la voluntad del Cielo y en los hechos de los antiguos reyes sabios; debe poder ser verificado por los sentidos de la gente común; y debe ser aplicable en el gobierno de modo que beneficie al país y al pueblo. De las tres, la última es la decisiva. Mo Zi aplica este mismo criterio al amor omnímodo: si todos amaran a todos por igual, los reinos dejarían de atacarse, los clanes dejarían de perjudicarse. El resultado sería beneficioso. Por lo tanto, el principio es correcto.

El criterio final es la utilidad.

La maquinaria de la obediencia

¿Cómo se convence a la gente de amar a desconocidos tanto como a sus propios padres? Mo Zi mismo reconocía que la mayoría de las personas no ven el beneficio de una inversión de largo plazo como el amor universal. Hacía falta algo más que un buen argumento.

La primera herramienta fue la religión. Mo Zi afirmó que el Cielo existe, que ama a la humanidad, y que su voluntad es que todos los hombres se amen entre sí. El Cielo vigila, premia a los obedientes y castiga a los que practican la discriminación. Además del Cielo, hay espíritus menores que hacen lo mismo.

¿Creía Mo Zi realmente en los espíritus? Feng Youlan argumenta que la cuestión era de utilidad, no de fe. En el capítulo donde defiende la existencia de los espíritus, Mo Zi plantea la pregunta sin rodeos: si hiciéramos que todas las personas creyeran que los espíritus premian a los buenos y castigan a los malos, ¿el mundo quedaría en caos? La creencia era útil, y por eso había que promoverla.

La segunda herramienta fue la política. Mo Zi desarrolló una teoría del origen del Estado que el autor compara con la de Thomas Hobbes, formulada más de dos mil años después. Cada persona, en ausencia de un Estado organizado, tenía su propia norma de lo correcto y lo incorrecto. Diez personas significaban diez normas. El resultado era el caos. Para escapar de esa situación, la gente seleccionó al hombre más virtuoso y capaz y lo instaló como gobernante. Una vez en el poder, el gobernante emitió un mandato: lo que el superior considere correcto, todos deben considerarlo correcto. Lo que considere erróneo, todos deben considerarlo erróneo.

El principio se llama 尚同 (shàng tóng): estar siempre de acuerdo con el superior. La consecuencia es directa: si la función del Estado es unificar las normas, entonces solo puede existir una norma, y cualquier otra debe ser eliminada. Aquí se reconoce la ética del grupo militar del que provenía Mo Zi, su obediencia absoluta y su disciplina sin excepción, llevada al plano de la organización política.

La coherencia del utilitarista

Hay una aparente contradicción que Feng Youlan señala: los moístas creían en los espíritus pero se oponían a los funerales costosos y los sacrificios elaborados. Los confucianos, al revés, no creían en los espíritus pero insistían en los ritos funerarios. Cada bando acusaba al otro de incoherente. Los moístas, por su parte, atacaban a los confucianos con un ejemplo mordaz: decir que no existen espíritus pero aprender ceremonias de sacrificio es como aprender a recibir huéspedes cuando no hay ninguno, o echar redes cuando no hay peces.

Ninguno de los dos era incoherente. Los confucianos practicaban los ritos como expresión de respeto hacia los antepasados, una teoría que Xun Zi desarrollaría en detalle más adelante. El significado era poético, no religioso. Y los moístas creían en los espíritus porque esa creencia era útil para mantener el orden, y rechazaban los funerales costosos porque el gasto era inútil. Desde un utilitarismo consecuente, no hay ninguna contradicción: se conserva lo que sirve y se descarta lo que no.

Esa coherencia recorre la filosofía de Mo Zi. Cada pieza del sistema, el amor omnímodo, la voluntad del Cielo, los espíritus, el Estado centralizado, la condena de la música y los funerales, responde a la misma pregunta: ¿esto beneficia al pueblo o no?

Mo Zi empezó como un guerrero con un código de grupo. Terminó como el autor de un sistema filosófico completo, sostenido de principio a fin por una sola idea: que el valor de todas las cosas se mide por su utilidad.

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